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Cuadrilla de Laguardia - Rioja Alavesa

Rioja Alavesa puede olerse, verse, sentirse, tocarse... La vista se relaja mientras sobrevuela los terrenos de vid, cereal y olivo, que se convierten en un mosaico de colores al llegar el espectacular otoño de la región. Las plantas aromáticas perfuman el ambiente, los sonidos de la migración de las aves y el discurrir del Río Ebro son fuentes de relajación. Es, no obstante, el gusto el gran protagonista, puesto que nos encontramos en una región de rica cultura gastronómica ligada a la tríada mediterránea: pan, vino y aceite.

Esta comarca transcurre por el sur del Territorio Histórico de Álava, entre la Sierra de Cantabria y el río Ebro. Conformada por 23 pueblos, está vinculada tradicionalmente a la cultura del vino y conserva aún el encanto de las villas medievales levantadas entre viñedos.

Habitada por unos 12.000 habitantes, este territorio cuenta con 13.500 hectáreas de viñedo y cerca de 400 bodegas donde se elaboran anualmente alrededor de 100 millones de botellas de vino, bajo el control del Consejo Regulador de la Denominación de Origen calificada Rioja.

Los vinos de Rioja Alavesa gozan de un merecido prestigio internacional. La calidad de sus caldos se debe, en gran medida, al suelo arcillo-calcáreo (excelente para que las cepas absorban la humedad necesaria), al clima y a la ubicación de los viñedos tras la Sierra Cantabria (que protege las viñas de los vientos fríos del norte), así como al cuidado que dedican sus gentes a conjugar el legado histórico de elaboración del vino y las nuevas tecnologías.

En Rioja Alavesa el visitante puede degustar desde los caldos elaborados en cuevas medievales hasta vinos obtenidos en las instalaciones más vanguardistas del momento.

Otro producto estrella, resultado de la interacción del olivar y la región es el aceite de oliva. La variedad Arroniz, autóctona en Rioja Alavesa, proporciona a su aceite virgen extra un singular y equilibrado carácter amargo y picante que se torna único, irrepetible.

Mención aparte merece también el rico patrimonio artístico y arquitectónico que atesora la comarca, en forma de villas amuralladas, casas solariegas o restos prehistóricos.